En la Comunidad Valenciana existen 41 cooperativas de trabajo asociado que desarrollan su actividad en el medio rural o zonas del interior y dan empleo a más de 200 personas, 187 socios y 31 trabajadores no socios. De estas cooperativas, 23 se encuentran en la provincia de Valencia, 11 en la de Alicante y 7 en la de Castellón.
En concreto, en la Comunidad Valenciana, el caso más frecuente en este sector es el de una cooperativa que presta servicios relacionado con actividades de turismo rural y educación ambiental con 13 cooperativas. Le siguen de cerca aquéllas que se dedican a actividades agrícolas propiamente dichas con 12 casos, y a más distancia están las que se dedican a la flor cortada con 5, a la actividad en viveros, también con 5 cooperativas, las plantas aromáticas, con 3 y, por último, la ganadería también con 3.

En su mayoría, son empresas jóvenes (más de la mitad tienen menos de cinco años), de pequeño tamaño (la media es de unos cuatro socios), normalmente dedicadas a más de una actividad (educación ambiental, conservación del patrimonio natural, recuperación de oficios y tradiciones, granjas escuela, producción de plantas aromáticas, etc.), conectadas con su entorno, solidarias e innovadoras.
La presencia de cooperativas en el medio rural no constituye, desde luego, ninguna novedad ni en la Comunidad Valenciana ni en el entorno europeo. Las cooperativas agrarias forman parte del paisaje tradicional de nuestros pueblos y siempre han existido cooperativas de distribución y consumo en el campo. Lo que sí que es cierto es que en la última década ha ido proliferando otro tipo de cooperativas, las de trabajo asociado, como alternativa a los cambios socioeconómicos producidos en el medio rural durante el presente siglo: declive de las actividades agrícolas tradicionales, pérdida masiva de población debida a las grandes oleadas de emigración hacia las ciudades, deforestación, alejamiento entre productor y consumidor, deterioro medioambiental, presión de un turismo poco respetuoso con el medio y la cultura rurales, entre otros factores.
Se trata de iniciativas de personas que habitan en el territorio, sus actividades están relacionadas con la recuperación de antiguas o tradicionales formas de producción, con la recuperación y protección de los espacios naturales, con la prestación de servicios de carácter social o básico a los habitantes de la zona, y que al margen de actividades que se autofinancian y que van orientadas a la consecución de un beneficio que garantice la supervivencia económica de la iniciativa, desarrollan otro tipo de actividades que persiguen un beneficio social que revierta en el desarrollo y mantenimiento de la riqueza cultural, social y medioambiental del entorno donde operan.


Diversificación

Las cooperativas de trabajo asociado pueden realizar actividades muy variadas, lo que permite diversificar el riesgo y la rotación de actividades temporales, aumentar la rentabilidad alcanzada y, de este modo, vencer la inercia empobrecedora que año tras año va restando terreno a la capacidad regeneradora y autosuficiente del interior.
Según los expertos, dicha diversificación de las actividades no agrícolas del agricultor que pasa a ser un "empresario rural" debe ser abordada desde un punto de vista grupal o familiar puesto que para realizar actividades variadas en el espacio y en el tiempo va a ser necesaria la coordinación y el trabajo en equipo de un grupo de personas con un proyecto en común. Es en este contexto donde el cooperativismo de trabajo asociado puede aportar su experiencia y erguirse en una alternativa al modelo de desarrollo tradicional.
De acuerdo con los resultados de un estudio sobre la situación actual del cooperativismo en el medio rural valenciano, fruto de los trabajos desarrollados por FEVECTA en el proyecto Rudemo acogido al V Programa Marco de Investigación y Desarrollo de la UE, se pone de manifiesto la importancia de este fenómeno no sólo como fórmula de autoempleo que está sirviendo para frenar la fuerte emigración existente, al tiempo que para atraer nuevos pobladores al medio rural (un 70% de los socios y trabajadores residen en la zona donde se enclava la cooperativa, un 6% regresa tras un período de trabajo o estudios en la ciudad, un 2% residía en la ciudad pero tenía vínculos familiares en la zona y un 22% no posee ningún vínculo con la comarca), sino también por la eficacia económica y sus aportaciones sociales, culturales y medioambientales.
En síntesis, significa apostar por un modelo de desarrollo sostenible, una nueva concepción de la actividad económica y una reorganización política que permita que la comunidad local desarrolle todo su potencial como un espacio de relaciones económicas y sociales donde sean posibles la cooperación y la participación.